lunes, 8 de agosto de 2016

El olímpico que nació en un campo de rugby

Matías Tudela prácticamente nació en un campo de rugby. Su primer peluche fue un balón ovalado. Su padre, fanático de este deporte, crió a su retoño en la grada, mientras él jugaba sus partidos. «Intentó que practicase otras modalidades, para que las probase antes de elegir. Pero nunca tuve duda. Yo me enamoré del rugby desde pequeño», afirma.
A sus 32 años, habla de rugby con la pasión de un chaval que está empezando. Y de hecho, después de Río volverá a sus orígenes. Al Tatami, club en el que se inició en 1991. Es amigo de Sempere, también olímpico, y juntos tienen un proyecto en esta entidad de la ciudad de Valencia que debe ser ambicioso, pues se emocionan al hablar de él: «Creo que es algo muy bonito, que puede ser grande. Yo voy a seguir jugando a rugby», precisa en referencia a su amigo, que sí ha dicho que lo deja tras los Juegos.
Luego estuvo en Les Abelles y, en 2005, probó suerte en el Heriot's Rugby Club, de la 1ª división escocesa. «El año siguiente regresé a Madrid y ya empecé a jugar con la selección», recuerda. Todo cambió un día de 2009. El corazón le dio un vuelco cuando escuchó la noticia: el rugby sería olímpico en Río de Janeiro en su modalidad 'seven'.
«Desde aquel momento, decidí que quería estar en los Juegos. Llevo siete años soñando con ser olímpico», indica Matías Tudela. El camino ha sido largo y tortuoso. Los jugadores han recorrido medio mundo para entrenarse con los mejores, han tenido que pagarse concentraciones de su bolsillo. «¿Pensar en dejármelo? No. Era algo demasiado grande para renunciar a ello», afirma Matías, quien ha tenido un gran apoyo en Nuria, su novia: «Ha sido un gran respaldo en los peores momentos. Cuando llego mosqueado a casa ella me anima. Es una persona muy alegre».
Nuria está en Río, donde esta semana Matías Tudela y el resto de sus compañeros de la selección cumplirán el sueño. Debutarán en los Juegos Olímpicos, algo que se ganaron con el épico ensayo con el tiempo cumplido frente a Samoa en Mónaco. «Aquello lo viví con muchos nervios. Me habían cambiado ya y estaba reventado. Fue un estallido de euforia... aún se me ponen los pelos de punta al recordarlo. No creas que lo he visto muchas veces, pero lo tengo grabado en la retina», comenta Matías.
Él es fisioterapeuta y sueña con seguir vinculado al rugby cuando deje de ser jugador en activo. Sin embargo, no pone fecha a su retirada. «¿Tokio? No lo sé. Tengo una edad, pero sobre todo va a depender del proyecto que se haga», indica.
Pero sí tiene claro que trabajará sin descanso por el Tatami. Y que impulsará el rugby 7. «Me gusta más que el 15. Es mucho más dinámico y te exige estar físicamente a tope para practicarlo. En el futuro me planteo impulsar un campeonato, al menos a nivel autonómico», señala Matías Tudela. Y también la que le ha permitido algo que parecía impensable para los amantes de este deporte hace menos de una década: «Ir a los Juegos Olímpicos es lo máximo. Y nosotros no renunciamos a nada», avisa.

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